Volar en avión es una de mis cosas favoritas. Despegar, concretamente. Algo pasa en esa separación del suelo que hace que internamente se muevan cosas. Es como si quedara suspendido en el tiempo todo lo que pasa de este lado del viaje. En casa, digamos. Esa liberadora sensación de desconexión, que se desmorona en el mismo momento en el que te subís al avión de vuelta.
Me pasó esta última vez. Increíble, pero en el transcurso entre esa carrera hermosa del avión por la pista hasta que tocó nube, se me pasaron por la cabeza todas las cosas a las que estaba volviendo. No lo sentí necesariamente en forma negativa, pero sí sentí el pequeño peso de volver a la vida real, con sus pendientes y todo.
Dicho todo esto, así como me gusta viajar, me gusta extrañar y me gusta volver. A vos también te extrañé.
Cuestión que lo bueno dura poco y quizás por eso es bueno. Aplica para todo en la vida, vos sabrás.
Me fui 21 días. Como dije por ahí en un post de Instagram, este viaje fue, porque no fue otro.
“No lo entendí en Instagram y tampoco lo entiendo ahora.”
A ver. Yo iba a hacer un viaje que finalmente se canceló (o más bien yo no viajé) y por esos días, me llama mi madre y me dice:
“En abril nos iríamos a España con B y A. Si querés te podés sumar.”
Antes de que terminara de decir “si querés” yo ya estaba diciendo “estoy para la que sea.”
En este tren de conexiones y cosas que llevan a otras, es que vengo a hacer una especie de cronología, que mirá dónde va a terminar.
—Hace trece años…
Sí, 13, yo trabajaba en una oficina. En paralelo tenía algunos trabajos como fotógrafa, que me permitían entrenar, digamos, pero que no me colmaban demasiado.
Un día, un compañero amigo me dijo:
“Pati, tengo una amiga que se casa. Vos tenés a alguien para recomendarme que le haga las fotos?”
Sin pensarlo en absoluto le dije:
“Yo.”
Y así fue como hice mi primer casamiento. Pero no es de eso de lo que te voy a hablar hoy.
—Nueve años después…
2019, este mismo amigo me escribe y me dice:
“Pati, tengo alguien que quiere hacer un curso de fotografía. Vos estás dando clases?”
Una vez más, sin pensarlo demasiado, dije que sí. Sabía que ese el momento de darle vida a ese proyecto que siempre estaba en borradores.
Otra vez esta misma persona me introducía a una nueva etapa en mi trabajo.
En plena temporada de bodas, en diciembre 2019 (quién empieza un taller en diciembre??) desarrollé ese primer Taller inicial.
Mi primer alumno, mi conejillo de indias, apodo que ambos usamos para referirnos a él mismo… tenía que llegar en ese momento.
—Marzo 2020, Montevideo.
Ya sabés lo que pasó. Los casamientos se suspendían hasta nuevo aviso y de repente, sin pedirlo, se me dio el tiempo necesario para armar nuevos grupos de alumnos (alumni, me gusta decirlo así) y crear nuevos talleres. La rueda estaba girando.
—Abril 2023, Madrid.

Leica Gallery, barrio de Salamanca. Voy a ver una exposición de Joel Meyerowitz, fotógrafo que me gusta mucho y que menciono en varias oportunidades en los talleres.
Con quién voy? Con mi primer alumno. “Y qué hace en Madrid?” Te preguntarás vos. Se fue a estudiar fotografía. Mirá vos, no?
Y ahí estábamos, cuatro años después de aquella primera clase hablando de apertura, velocidad y qué se yo, en la Leica Gallery de Madrid, viendo una exposición de fotos.
“Quién iba a decir”, dijimos.
—Día de hoy, Montevideo.
Empieza una nueva etapa (esta vez no vino nadie a introducirla): un cuarto año de talleres, en un nuevo lugar.
Después de pasar por tres casas diferentes, ahora los talleres tienen su propio espacio. Un estudio para las clases, más el universo de las bodas y las fotos.
Todo esto se concretó unos días antes de viajar y una buena señal es que la distancia no me hizo pensar que mi plan era un delirio. Viste que eso pasa también. Que tomás distancia y decís “menos mal que no hice aquello.”
De nuevo, vos sabrás.
—Hay que celebrar, yo creo.
Ya habrá alguna inauguración en la que (ahora es cuando hago una invitación masiva sin pensar en las consecuencias) podrás venir a conocer el lugar y llevarte alguna cosita de la tienda, claro que sí, pero ahora quiero invitarte a ser parte de los talleres.
El mail de la venta te lo voy a mandar después, no mezclemos.
Este de hoy es un mail de regreso, que te extrañaba de verdad. Extrañaba esta conversación, en este espacio que es un poco más nuestro. Como todos los lunes, pero ahora, escribiéndote desde otro lugar.
Un día te escribí desde un café. Hoy te escribo desde acá.
Gracias por leer.
Y hola de nuevo 🖤