Ellos la vieron antes que nosotros.

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Empecé a escribir esta edición hace varios días ya. Y no es que haya trabajado en ella todo el tiempo, es que empezó orgánicamente, reposó y hoy lunes, se terminó. Recién me acabo de dar cuenta de una coincidencia involuntaria, ahora que miro la fecha al momento de mandarla.

Te doy la bienvenida si es tu primera vez, es un placer que estés por acá. Siempre son bienvenidas las respuestas, que de eso se trata. De salir del anonimato y hablar así como más entre nos. Que tengas una hermosa semana.


— Saco fotos.

Hace un par de fines de semana salí con una amiga y tres mujeres más que no conocía. Me gusta hacer eso. Te hace estar más alerta. (Siempre y cuando uno le quiera prestar atención a sus mecanismos… psicosociales? Digamos.) Ninguna sabía a qué me dedicaba yo, hasta que en un momento me lo preguntaron.

“Saco fotos. / De gente que se casa.” Dije.

Últimamente me divierte responder eso cuando me preguntan a qué me dedico. 

Naturalmente salió el tema de los casamientos y las que en algún momento se habían casado, contaron cómo había sido su experiencia con las fotos. Más allá de si eran buenas o malas — las experiencias — me quedé con algo que se mencionó sobre el cambio en la fotografía de bodas, desde hace más de 10 años a esta parte. Ellas estuvieron de acuerdo en que el factor responsable había sido la tecnología. Y si bien estoy de acuerdo en que lo digital trajo diferencias radicales, creo que el cambio no fue por ahí. De hecho, y justo salió este tema el otro día en una clase del Taller avanzado, lo digital al principio fue en realidad, un retroceso. Genial poder ver la foto en el momento, pero a nivel calidad, las primeras cámaras digitales dejaban muchísimo que desear en comparación con la calidad de una cámara analógica. 

Esto surgió a raíz de la foto de los obreros sentados en la viga al borde del abismo, en Nueva York. Esa que hoy en día muchísima gente tiene en su casa a modo de lámina o una postal que alguien que viajó le trajo. Una foto que, siendo del año 1930 y poco, tiene una definición impresionante. Algo que muy pocas cámaras digitales logran hoy en día. Una foto de autoría no reconocida. Anónima. Por consenso.


Volviendo a la conversación con las nuevas conocidas, comenté: “si te fijás en lo que hoy es tendencia, es bastante parecido a una foto analógica.” Les sorprendió mi apreciación. 

Creo que a pesar de la inicial falta de calidad en lo digital, sí se dio lugar a que se incluyeran un montón de fotos de momentos que antes, al ser contados los disparos, no tenían cabida. Quizás estoy siendo generosa en la razón y dejando de lado el hecho de que “se puso de moda” sacar fotos de lo que en la jerga llamamos: los “momentos entre momentos.” Traduzco: si la “foto momento” es por ejemplo, el retrato grupal de la familia, el momento entre momento sería la foto previa, cuando todos están acomodándose la camisa. Claramente no se iba a usar un disparo de 36 para registrar eso que no era lo que la gente iba a poner en el portarretrato. Una lástima. 

Ahora que lo pienso, la foto de los obreros en la viga sería algo así. 

A lo mejor ellos la vieron mucho antes que nosotros.


“A veces, en un fotograma, si quedan ciertas dudas acerca de lo que estás viendo o algún rincón oscuro, anima a soñar. Si todo el fotograma es de una claridad cristalina, hay lo que ves y nada más.”*

Los obreros son anónimos. Los fotógrafos somos obreros. Los fotógrafos somos anónimos. 

Momentos entre momentos. 


*Del libro de la edición anterior. David Lynch. Atrapa el pez dorado.

Gracias por leer una vez más. Mandásela a alguien que le pueda interesar o dale responder y contame qué te pareció.

Nos vemos en la próxima.