Si te resulta, casate.

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Hoy escribo sentada en el escritorio de mi casa, con el café al lado, como siempre, aunque ya frío. Los lunes son de newsletter, me habrás leído decir, pero los lunes son, además, de organización. Hoy sale más temprano que de costumbre y quizás, sea esta la prueba de lo que predico después. Y el café se convirtió en vino.

Como siempre, gracias por leer y por estar acá, en el blog que siempre quise tener (suspira empalagada por ella misma) y que va por su post número 23, o sea este.


— Discurrir, diría mi madre.

Viste que el lunes cuesta arrancar y de repente se te vienen todos los pendientes juntos.

Los lunes también pasa que caen un montón de mails y mensajes de otras personas que, igual que yo, se están organizando. He descubierto (qué novedad, pero cada uno con sus tiempos) que me da buen resultado destinar el primer día de la semana  a “solamente” organizar el resto de los días.

Así como me gusta tener el escritorio y la casa ordenados, insisto que es una gran base para trabajar mejor, el orden de las tareas y sobre todo el resolver micro pendientes allana bastante el camino del martes al viernes. 

Durante muchos años usé agenda en papel y cada año que empieza, compro o me regalan una nueva. Arranco con el entusiasmo de niña en primer día de clases con cartuchera nueva y libreta en blanco, pero no he pasado del mes de mayo. Lo único que lamento es haber dejado de escribir en plan diario, porque cada tanto me divierte recordar cosas. Esto lo remplazó el calendario de la compu donde, no te creas, también anoto las salidas con mis amigas y qué comimos. Hay costumbres que nunca se pierden.

Cuestión que los domingos de tarde, a esa hora donde pondrías plata por un día más de fin de semana, me sirve mirar el calendario y visualizar cómo va a ser la semana. Después me puedo olvidar tranquila y terminar el domingo en paz.

Estoy pensando si contarte en este punto, de la única vez que me olvidé que tenía una reunión con una pareja. A ver cómo queda por escrito, dame un minuto. 


— La lección.

No sé si era diciembre o enero, pero era una tarde de calor insoportable. Yo estaba encerrada en uno de los cuartos de la casa donde vivía en ese momento. Descalza, con el pelo lo más recogido que lo podía tener y con el aire en 20. Encerrada digo, porque el resto de la casa era inhabitable. 

Abajo, golpean la puerta. Tres golpes secos de la manito de bronce sobre la madera. 

– Esperás a alguien?? Le grito al otro habitante de la casa que, a pesar del calor, había resuelto hacer limpieza general. Y con “limpieza general” quiero decir vaciar otro de los cuartos y ordenar todas esas cosas en el living. Imaginate el estado, general. 

– No, yo no.

Podés ir a ver?? Le pido en otro grito. No quería abandonar el microclima, claramente.

Así como estaba, baja a ver. Escucho voces. Entrecierro los ojos como si eso afinara el oído pero no reconozco a nadie.

El otro habitante sube la escalera, abre la puerta del cuarto y rompiendo todos los microclimas posibles, me dice:

– Pato… son unos novios… que hoy tenían reunión, puede ser??

No sé si era por el calor pero mi cerebro no unía puntos con líneas. Chequeo el Calendar… nada. No puede ser, si esto no falla. No, claro, amiga. 

Atravesaron la casa como pudieron y con las mil disculpas del caso, se encerraron conmigo en el cuarto con los 20 grados. Se casaron 6 meses después en una preciosa boda (sí, conmigo como fotógrafa), pero de ese bache no me olvido más. 

No dejes para después lo que puedas anotar ahora. 


— Data concreta, Patricia.

Mis aliados son dos:

Google Calendar y una extensión de Google Chrome que se llama Momentum. Lo que me sirve de esta es que tiene una “to do list” que te aparece cada vez que abrís una pestaña del navegador. Si sos persona de múltiples pestañas como yo, me vas a entender. No solo de múltiples pestañas, si no de estar trabajando y que se te cruce un pensamiento que se transforma en pestaña. Mercado libre es una de mis recurrentes. El pronóstico del tiempo, otra. Cada uno con sus cosas, viste. Cuestión que cuando abrís cualquier cosa nueva, ahí te salta, la lista.

Hay un montón de herramientas, algunas las he probado y desistí, otras que me han recomendado, super complejas y que todo lo resuelven, hasta los pendientes en sí mismos, pero reconozco que me generan un poco de resistencia. Te tiene que divertir usarla. Si la que usás te resulta, casate. Si no te da ganas, no es por ahí. 


Organización y newsletter: mis “to do” del lunes.

En minutos tacho el último pendiente de hoy.


Dedicada a Vicky y Santi, por haberme olvidado de su reunión.

Y a Matías, por hacer limpiezas generales en olas de calor.

🖤