— Conversaciones posibles.
El fin de semana estuve prestando especial atención a posibles puntas para esta edición. Sin tema concreto a la vista, procuro activar un canal que detecte temáticas, hilos de donde tirar, conversaciones posibles.
De repente tomo plena conciencia de mis acciones, como si se tratara de un guión, y abro todas las líneas que van surgiendo, para luego, quizás, convertirse en un relato. Por ejemplo:
“Abro un libro que leí hace tiempo y en una página encuentro un papel.”
Después se ve si sirve o no. Siguiente.
— Serendipia.
Como ya he contado, soy bastante consumidora de podcasts. Uno de los que estoy escuchando ahora, se llama Comedia. Son entrevistas a comediantes y actores que trabajan principalmente con el humor. Más allá de que el entrevistador reitera ciertas preguntas como rutina, como por ejemplo “para qué sirve el humor” (¿para qué sirve el humor?), hay varias cuestiones que los entrevistados suelen repetir. Es decir, coinciden en las reflexiones.
Uno de los temas que más aparece es la verdad. La verdad en cuanto a la credibilidad de una historia. Si estás contando una historia que es ficticia, el otro se la cree en cuanto vos te la creés. Y aparece acá también el accidente. Lo espontáneo. Si te estoy contando una historia y entre medio me tiento, eso hace que sea más creíble.
Serendipia. Circunstancia de encontrar por casualidad algo que no se buscaba.
Pienso en las fotos de los casamientos. Las fotos de momentos espontáneos a veces no son perfectas. Tienen accidentes, cosas que aparecen en el fondo, un encuadre torcido, una mancha. Y eso las hace más reales.
El humor también está en la fotografía. Lo absurdo. “La vida es absurda” decía alguno de los entrevistados, y en ese sentido empatizamos.
Los comediantes escriben sus historias a partir de observar al realidad. Esa conversación que escuchás de costado en la calle. “Las veces que me pasé de parada del subte, decía una de las entrevistadas, por seguir escuchando la conversación de la pareja de atrás.”
Así como un espía que escucha, para algunas fotos me gusta pensar como un voyeur que observa. Las fotos deberían poder traducir, en el mejor de los casos, nuestra forma de ser. Solo con observar fotos de fotógrafos como Elliott Erwitt por ejemplo, u otro de mis favoritos, Martin Parr, uno automáticamente infiere que esa es una persona con sentido del humor.

Las historias tienen capas. Tienen un contexto, tienen personajes. Y también tienen un ritmo. Una forma de ser contadas. No es lo mismo si yo te digo:
— No sabés lo que me pasó.
Pausa.
A que te tire el desenlace de un golpe y que después te arranque a explicar.
Uno elige cómo contar sus historias. Uno elige cómo fotografiar.
— La gimnasia del oficio.

Todos los comediantes hablan de la gimnasia del oficio. Es como entrenar un músculo. Acá es igual. No ves autos amarillos en la calle hasta que te proponés encontrar autos amarillos.
Suerte? Quizás. Pero dicen que la suerte te encuentra trabajando. (O era la inspiración?) Da igual.
Los fotógrafos de calle, los maestros del street, no es que salieron a la esquina y justo se les apareció esa foto que no podés creer. Es que de repente se tiraron 10 horas y 1000 fotos para, con suerte, encontrar esa imagen.
Porque se anticiparon, por estar entrenados a observar. Se trata de ver posibilidades donde todavía las cosas no pasaron. Y de tener oficio, por supuesto, para capturarlas de la mejor manera posible.
Pero sobre todo, de la forma más verdadera posible.
– ¿Para qué sirve el humor? – Para nada. Responde una de las entrevistadas.
Para qué sirve la fotografía?
