— 41 al aire.
Buenos días, buenas tardes, buenas noches o lo que sea que coincida con el hemisferio en el que estás. Quiero darle una especial bienvenida a quienes se acaban de suscribir y es esta su primera edición. Un abrazo en el aire para ustedes. Por estar acá y solo quienes están acá, pueden tener el gusto de acceder al blog con las ediciones anteriores. Ya vamos 41, que es esta. Gracias por leer, qué honor.
— ¿Cuánto entra en una caja?
A veces pienso que me gustaría ser escritora, como para andar nada más que con una computadora por ahí. No sé bien si sería tanta la diferencia, porque la realidad es que el 90% de mi trabajo sale de esta cajita plateada. El resto sale de esa otra, la que te entra en una mano y en la que caben cosas infinitas; la que podés llevar colgada a todos lados pero que al final es ella la que te lleva a vos.
— ¿Hasta dónde te puede llevar una cámara?
La semana pasada di una conferencia en un congreso en Argentina, al que fui como por 5 años de oyente. No llevé la cámara, porque en realidad lo que tenía que hacer era hablar de todo lo que hago con ella, pero sin ella. A veces me genera fascinación el hecho de que vivamos de ese aparatito. En este momento está frente a mí, en la mochila que en unos minutos se va a subir a un avión. Yo la llevo a ella.
— Ah, ¿esto es una despedida?
Si querés verlo así no te voy a decir que no. Pero como siempre, quién sabe. Cuestión que no quería dejar de escribir en este lunes en el que todavía no me metí en el limbo del aire.
“Dormí todo lo que puedas en el viaje”, me dicen, pero a mí lo que me gusta es la plena consciencia del paréntesis. La suspensión en el espacio pero también en el tiempo, donde lo único que se puede hacer es estar ahí. Me pasa algo parecido con la noche. Será por eso que me gusta.
Vos no te diste cuenta pero entre el renglón anterior y este yo me subí al avión y despegué, y ahora nos separan no se cuántos metros de altura.
— ¿Ya se puede usar la computadora?
Dejá de trabajar, Patricia.
— No estoy trabajando.
Justo antes de salir de mi casa para el aeropuerto, con la puerta abierta y las llaves en la mano, recibí un hermoso mensaje con una invitación. Otra vez la cámara me va a llevar. Todavía no sé si yo a ella, aunque lo merece. En breve te cuento. Por ahora solo te digo que incluye dos de mis cosas favoritas en el mundo: hablar y volar.
“La suspensión en el espacio pero también en el tiempo”, escribí unas líneas arriba y eso, la verdad, se parece bastante a lo que hacemos quienes trabajamos con la fotografía.
Las imágenes y las palabras. Algo donde lo único que se puede hacer, es estar ahí.
Nos vemos en la próxima