Uno piensa que las cosas no van a pasar, hasta que pasan.

Written in

by

Edición #44.

— ¿Qué día de la semana la gente es más productiva? La respuesta no te sorprenderá.

El otro día me apareció una especie de encuesta – adivinanza, que preguntaba qué día de la semana creía yo que la gente era más productiva. Las opciones eran los lunes, los miércoles o los viernes. La tercera por supuesto descartada al instante, pero el miércoles me generó dudas por esto de que a veces el arranque cuesta. Sin embargo, me detuve unos segundos a pensar en cómo me resultaba a mi y en seguida pensé en el lunes. Lluvia de confeti, la respuesta era correcta y tiene que ver con lo que hablé en aquella edición de título “Si te resulta, casate”, y el poder de usar el lunes para la organización de la semana. Porque si de productividad se trata, el orden es clave.

El tema que traigo en esta, la edición número 44, vino a pedido de un colega y se trata de los contratos. Lo propuso hace tiempo pero lo traigo ahora, porque es en lo que estuve enfocada la mayor parte del día de hoy. Lunes de organización.



— Están bajo aviso.

Imagino que si lo tuyo es el arte (?) el tema de los contratos te genera la misma sensación que armar una fórmula en una planilla de cálculo. El tema es que si además del arte estás sosteniendo un negocio, ni de lo uno ni de lo otro te podés escapar.

El contrato es ese documento con un tono que seguro es muy distinto del que usás en la reunión con las parejas por casarse y en la vida en general salvo que te dediques a la abogacía, escribanía o qué se yo, pero que va a ser clave para, no solo protegerte a vos y a tus clientes si algo pasa, sino también para dejar claras y por escrito algunas cosas que pueden darte tranquilidad a la hora de trabajar. Me refiero por ejemplo a la mención de ciertas circunstancias que pueden impedir la realización de tomas como quizás todos nos imaginábamos: llueve, se atrasa una ceremonia al atardecer y se hace de noche, no podés acceder a ciertos sectores de una iglesia, o lisa y llanamente, lo que estaba en la imaginación no siempre se traduce de la misma manera a la realidad. Esto parece una obviedad pero, uno, los clientes no tienen por qué saberlo y dos, puede salvarte de algún bloqueo creativo en caso de que alguna de estas cosas suceda. En teoría ya están bajo aviso.

– ¿Por qué “en teoría”? 

Porque estoy asumiendo que la pareja leyó el contrato.

– ¿Y si no lo leen?

Deberían dártelo firmado al reservar la fecha y si no vos deberías pedirlo. De ahí a que firmen algo sin leer ya no es problema tuyo.


— 6 hojas y un disclaimer.

Muchos modelos de contratos que se encuentran por ahí pueden resultar demasiado largos, demasiado cortos o con cláusulas que no aplican para tu forma de trabajar. Cambiá lo que sea necesario y revisalo cada tanto, sobre todo si recién empezás en el rubro.

Otra ventaja del contrato es ahorrar tiempo. El tuyo y el de la pareja que te contrata. Te contratan. Suena lógico tener un contrato, ¿no?

¿Te parece que lleva mucho tiempo leer 6 hojas? Si te parece que lleva mucho tiempo leer 6 hojas es porque hay cosas que todavía no te pasaron.

Hay cosas que son más antipáticas de decir – y con esto no quiero decir que no se digan – pero por ejemplo, ¿qué pasa si la boda se cancela o se pospone? Vaya si lo habremos vivido unos años atrás, no necesito recordártelo. Vaya si fueron necesarios los contratos en ese momento. No podés dudar ni por un segundo si una seña se devuelve o no. Uno piensa que las cosas no van a pasar hasta que pasan. 

Disclaimer: estoy dándome el lujo de extenderme más de lo normal porque sé que esta edición la vas a leer vos, que te interesa el tema. Dale, una hojita más.


—“A Patricia Riba no le podés pedir fotos”

Cuando empecé en el negocio de la fotografía de bodas, el estilo de esa época era bastante diferente. Dicho de otra manera, entré de una forma disruptiva. Eso podía generar dudas pero sobre todo, como decía más arriba, podía bloquearme a mi en algún punto en el que me diera temor de que las parejas esperaran otra cosa. Que tampoco era nada loquísimo lo que hacía, ni dejaba de hacer las fotos que tenían que estar, pero me acuerdo (mirá lo que me vine a acordar) que una vez me dijeron que alguien había hecho el comentario de que “a Patricia Riba no le podés pedir fotos porque ella solo saca fotos espontáneas.” ¿WHAT?

Hay un punto en el que uno pierde el control sobre ciertas cosas. Eso hay que tenerlo claro también.


¿Llegaste hasta acá? Perfecto.

Hay términos que es necesario que estén por escrito y no los vas a incluir en tu hoja de presupuesto: qué pasa si por alguna circunstancia del horror las fotos se pierden, qué pasa si por alguna otra circunstancia vos no podés ir al casamiento…

De nuevo, hay cosas que uno piensa que no van a pasar hasta que es enero del 2022 y toca un fin de semana con dos bodas agendadas desde hace más de un año y yo no puedo ir a ninguna porque el hisopado me da positivo. Me entendés lo que te quiero decir.

Hay preguntas que no surgen hasta tiempo después de pasada la boda, como por ejemplo: ¿la fotógrafa sigue teniendo guardadas las fotos de todos los casamientos que hizo? Esa respuesta está en el contrato. Y tampoco te sorprenderá.

En nuestro rubro, por suerte es muy difícil que vayamos a ejecutar un contrato en un conflicto, ya que somos todos profesionales y tratamos con personas del bien donde la comunicación es fluida y con amor. Entonces más que nada el contrato se vuelve una herramienta, un pequeño – o quizás no tan pequeño – manual de instrucciones y de información de cómo es tu servicio. Cómo proceder. Qué esperar. Qué no. Pero sobre todo, que el día que alguna de esas cosas que no van a pasar, pasen, todos estemos en paz.


¿Te pareció larga esta edición? Imaginate un contrato.

Gracias Seba por proponer e inspirar el tema de hoy 😉

A vos por leer.

Nos vemos en la próxima 🖤