Edición #48.
Dominga camina sin parar, yendo de la cama hacia el living. Presiente algo. Es que no le gusta el fútbol. Me mira desorbitada, como si fuera algo de lo que tengo que ocuparme. No creo poder empezar a escribir de verdad hasta que no se calme. Es un desafío a mi concentración. Escribir, practicar yoga, inhalar, exhalar.
Intentaré empezar, con un tema del que quiero hablar hace tiempo y que va para colegas, pero como siempre, podés seguir leyendo porque nunca se sabe. Se trata de unos personajes que algunos tenemos la suerte de que nos acompañen en nuestro trabajo: las segundas cámaras.
—Mucho más que una bebida.
Hay muchas escuelas acá pero en el mejor de los casos creo que deberíamos trabajar con quien sintamos más comodidad y confianza. Comodidad y confianza que muchas veces pueden compensar alguna cuestión técnica, a mi entender. Quiero decir, lo técnico se aprende, la confianza se construye, la comodidad está de entrada o no está.
A lo largo de mis años como fotógrafa de bodas he trabajado de muchas maneras: con segundas cámaras, con terceras, con parejas (para esto hay un manual aparte), con amistades, con personas desconocidas, y sola. Supe ser yo misma segunda cámara también.
Cada forma tiene lo suyo, quiero decir, sus ventajas, desventajas, triquiñuelas y algún que otro secreto. Si bien el 95% de mis casamientos los hago acompañada de una segunda cámara – asistente, como me gusta decirle, disfruto mucho de trabajar sola.
Hay una parte del rol de la segunda cámara que es la asistencia, por eso es que me gusta añadirle el término. Y con esto no me refiero solamente a sostener un flash o alcanzarte un trípode, si no también a que te traigan un Gin Tonic después de un encuentro desafortunado en una boda que ponga a prueba tus nervios y tu control. La prueba fue más que superada y – vos sabés quién sos – siempre te estaré agradecida por esa mano extendida con ese vaso que era mucho más que una bebida.
— A la tercera vez ya lo saben.
Yo soy de la escuela de entrenar y repetir. Prefiero trabajar siempre con la misma persona porque después ya me conocés los gestos y no precisamos ni hablar.
Es clave para el trabajo con las segundas cámaras, sea repetida o sea nueva, la dirección. Mi ideal: que se sienta como estar trabajando sola pero con la tranquilidad de que la otra parte está cubierta. La dirección incluye desde qué lentes usar en cada momento, en qué ángulo y en qué eje posicionarse, qué profundidades de campo usar, cuándo y cómo usar el flash, entre otras cosas. Entran en esta bolsa qué ropa usar, información sobre el casamiento y qué decir y qué no — acá la confianza con quien estás trabajando es fundamental. Incluso hacerle saber a la otra persona que quizás, en algún momento, tu concentración extrema pueda confundirse con una nube negra, algo personal, pero que no, que no es. A la tercera vez ya lo saben.
— Dos cosas fundamentales.
Recomiendo acá a quienes trabajen o quieran trabajar con segundas cámaras, dos cosas fundamentales:
- una: hacerse un documento con todos estos lineamientos. Si es con fotos y esquemitas, mejor.
- Y dos: fundamental pero fun-da-men-tal: juntate con tu segunda cámara a ver el crudo. Es decir, siéntense a ver las fotos que se sacaron, porque muchas veces, al no tener que editarlas o incluso, al usar tarjetas que son tuyas y no quedarse con una copia, esa persona nunca ve lo que sacó. Y vos y yo sabemos de la importancia de enfrentarse a ese pequeño pero potencialmente gran monstruo: el del resultado.
Hay otras cuestiones más contractuales digamos, que deberían estar en ese documento, como por ejemplo si esa persona puede o no publicar las fotos que haya sacado contigo y todos los matices que entren acá.
—La suerte de elegir.
Hay algo para mi más importante que las fotos que saque mi segunda cámara. Porque, y no quiero decir que esto esté bien, tiendo a no depender de sus fotos, más allá de alguna instancia puntual donde yo no estoy. Lo técnico se mejora, se soluciona, se aprende. Ahora bien, que en cada mensaje de agradecimiento del día después, la pareja mencione específicamente a mi segunda cámara, incluso con algún comentario en el que yo quedo por fuera (chiste interno, referencia, cuestión…) me vale la elección.
No en todos los trabajos tenemos la suerte de elegir a quienes nos acompañan. Por si fuera poco, otro de los privilegios de esta hermosa labor: elegir a nuestro equipo. Pasarán colegas, pasarán parejas, pasarán amistades. Elegir es un privilegio pero hay que saber cómo hacerlo.
Como sea, hablá; marcá tus preferencias, tus necesidades, tus límites. Quedate con esa persona que esté. Que esté con su cámara pero también con la capacidad de entender cuándo hablar y cuándo no. Cuándo hablarte por encima del hombro para hacerte reír, aunque no se pueda en ese momento. Pero sobre todo, quedate con quien que sepa cuándo aparecer con un Gin Tonic, cuando desde lejos, te haya visto el gesto y lo haya entendido todo.
Gracias a vos por leer una vez más.
A Nacho, por estar.
Nos vemos en la próxima 🖤