Edición #53.
Siempre fui la favorita de la maestra. Es una cruz que llevo, con más o menos pesar, dependiendo de la época y las circunstancias.
Lejos de ser un privilegio, ser la favorita de la maestra implica una responsabilidad de rendimiento. No se puede fallar. Por que si se falla, entonces… ¿qué le pasó a Patricia?
En cuarto de escuela tuve la que fue mi maestra favorita: Susana. Ese año murió un compañero, de un ataque de asma. Tenía 10 años como el resto de la clase, pero su aspecto era de una pequeña persona de 80. Lentes de armazón grueso, rulos negros y unos 25 kilos de postura encorvada y hombros hacia arriba por no poder respirar. Cuando terminó el año, Susana nos dejó una notita a cada uno en el carnet, escrita a máquina, que entre otras cosas que no recuerdo, decía, en una línea que parecía venir de la nada pero que encajaba a la perfección: “todos extrañaremos a Martín, verdad?”
Un día Susana apareció con una idea: inaugurar un cuaderno que cada uno se llevaría a su casa y volvería a la escuela al día siguiente con algo escrito, a modo de diario. Un cuaderno viajero, una bitácora compartida. Adiviná quién fue la primera en llevárselo. Susana me lo entregó en mano con el gesto que indicaba que yo era la única, indudable e ineludible opción. Al ser la primera también se me adjudicó (o quizás yo la inventé porque cómo no) la tarea de personalizar el cuaderno. Esa misma noche lo forré de papel dorado. No recuerdo haber sentido presión sobre qué escribir. Tampoco recuerdo qué puse.
De lo que sí me acuerdo es de cómo se sentía la primera hoja. La del lado derecho, en blanco, limpia, gordita de todas las hojas que tenía por debajo. La hoja buena, le decíamos. La hoja mala era cada una que quedaba a la izquierda, ajada y remarcada por el lápiz de la hoja anterior. En la hoja mala te esforzabas un poco menos. La hoja buena era la de la esperanza, la de empezar de cero, la contenedora de tu posible caligrafía perfecta y de todas las cosas que no habías podido hacer ni decir en la hoja mala anterior.
Hoy es lunes 30 de setiembre.
Qué presión tenía esa hoja y no lo sabía. Era mi favorita y no lo sabía. Qué suerte tenía esa hoja.