Los títulos aparecen en la ducha.

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Edición #55.


— La intro.

Buenos días, buenas tardes, buenas noches para vos. Sobre todo noches porque ya estamos en minutos de entrado el martes y esto va a salir ahora. No quería dejar de saludarte, aunque sea un paso fugaz porque mañana — que ya es hoy — me toca hablar en público y me tengo que concentrar.


— El título.

Nunca siento que los títulos de mis charlas sean suficientes. 

El otro día nos reunimos con los organizadores del congreso y me preguntaron si podíamos ponerle un nombre a nuestra charla. No como un pedido, si no en el sentido de si tenía lugar. Si éramos capaces de. Yo enseguida respondí que no, porque, a pesar de lo que me gusta cuando un título aparece (porque los títulos no los pone uno, si no que aparecen, aparecen en la ducha, lavando los platos y en los sueños) nunca siento que los títulos de mis charlas sean suficientes. 

No sé si vos, que leés esta newsletter desde hace mucho tiempo, te diste cuenta ya, que los títulos son lo último que escribo. Me refiero al nombre de cada edición. Esa línea que además de ser atractiva y condensadora de todas las cosas, tiene que darme a mí el gusto. Suele hacerlo.


— El final.

En 10 horas empieza el congreso. Por supuesto acabo de terminar de armar la charla, que si bien hay cosas que se repiten de otras anteriores, es inevitable cambiar algunas y agregar otras. Debo confesarte en este punto que estoy un poco nublada en cuanto a quién le estoy hablando. No te lo tomes personal, es que en mi cabeza ya están las personas de mañana.

Acabo de terminar de armar la charla y mientras la cerraba, el título se me apareció.