Edición #57.
— Empezar de cero.
Tuve que comprarme una computadora nueva. Creía recordar haber contado acá que se me había roto la pantalla de la anterior. Que no es que “se rompió”, es que se me rompió a mí. Aunque sin intención, la rompí yo. ¿No lo conté ya? Da igual, pasó el tiempo. No hice nada de eso de traer toda la información tal cual estaba en la otra. Me gusta empezar de cero. Es por eso que no tengo acá el documento con las ideas y borradores -incluso aquellos sin sentido- que he acumulado para esta newsletter. A lo mejor está ahí el cuento. Tengo la otra computadora al lado, conectada a una tele que uso de monitor, donde se están respaldando las fotos del último casamiento, el del sábado pasado. El último del 2024. Intenso como esperábamos, hermoso también. El índice de persona conocida per cápita es cada vez más alto y eso me gusta, me motiva.
Si me veías trabajando en alguno de los últimos fines de semana, no te dabas cuenta que hace más de un mes me duelen las lumbares. Salvo que fueras mi segunda cámara, que fingía ignorancia junto conmigo, o que me cruzaras estirándome en alguno de los rincones de la chacra de Punta del Este con el perro gigante que parece un oso y tiene nombre de producto cárnico, no había forma de notarlo. Es por eso que, además de la computadora, compré una silla nueva, cosa que evitaba hacer por una cuestión meramente estética y que decidí soltar. Bien por mí: ahora me desplazo de una punta de la mesa a la otra administrando tareas entre las dos computadoras. No sé qué es peor te digo, si lo de antes o lo de ahora.
— Bodas de aluminio.
Encontrarme cada vez con más gente conocida en los casamientos me gusta y también me pone en perspectiva. Inevitablemente recorro para atrás y busco en el almanaque mental, fechas de referencia de cosas que pasaron en tal o cuál año.
Hace un par de semanas fotografié un aniversario: 10 años y 5 hijos después, esta pareja celebró sus bodas de aluminio. Casi en la misma fecha de diciembre pero del 2014, yo también les hacía las fotos de su casamiento.
El sábado pasado una pareja bailó durante toda la fiesta, juntos. Parecían estar solos. Estaba segura que los conocía de antes pero no me daba cuenta de qué casamiento. Después de un par de veces de pasarles por al lado, él me frena y me saca de la duda. Yo recuerdo que ella es la hermana de la novia de aquella boda de hace mucho tiempo y juntos llegamos a cuál fue la fecha, 8 años atrás. Me doy vuelta para seguir y él me vuelve a frenar. “La foto del grupo de chat de la familia la sacaste vos”, me dice.
— Bodas de cristal.
Si me permitís que acordemos que estoy casada con los casamientos, entonces el año que viene festejamos mis bodas de cristal.
Las bodas de cristal, que se celebran a los 15 años de matrimonio, simbolizan la transparencia y la belleza de la relación: el cristal es un material frágil que puede romperse fácilmente, por lo que representa la necesidad de fortalecer el vínculo a pesar del paso de los años. La relación puede haberse vuelto más limpia y transparente con el tiempo, sin secretos ni falta de confianza.
Van a hacer 15 años de mi primer casamiento. Ya lo debo haber contado acá (estoy segura de que esto sí), pero la realidad es que fui un poco a ciegas. Fue mi relación más larga. Lo es: la sigo eligiendo y quiero que ella me siga eligiendo a mí. Nos cuidamos mutuamente. Si yo la descuido, me ignora; y si la alimento, me devuelve su amor multiplicado. Como la conozco bien, confío. Conozco sus ritmos y a esta altura, puedo decir que es bastante predecible. Supongo que yo también. Con ella no quiero empezar de cero y si ella me lo pide, yo me compro una silla nueva.