Edición #58.
“El tiempo es un torrente ecuánime hasta la crueldad.”
—Han Kang
Lunes de última edición del año, la #58. Viene liviana, aunque no lo parezca, porque mejor hecho… que no. Buenas noches para vos, que siempre estás ahí.
Hacía un tiempo que no veía buenas películas. Sentarme en mi casa con toda mi atención a mirar una película nueva (porque lo de poner cosas que ya vi lo suelo hacer). El podcast de cine que escucho es una buena excusa para ir apilando títulos para ver. Me los guardo en alguna lista para algún momento, aunque por supuesto muchas de las que comentan quedan por el camino, sobre todo porque el género terror es uno de sus favoritos. De los del podcast, digo. Y acá me pasa una cosa, que es que en el fondo, allá atrás en mis viejos recuerdos de cuando era chica, algo me toca una fibra y me gusta. Dejame decirte que vi El ente con 8 o 9 años. Un montón. Culpa de mi padre. Me puse a verla de a partes en Youtube y, mamita.
Viste que las películas de terror son como más físicas, quiero decir, te pasan cosas en el cuerpo. Hay una adrenalina ahí que me termina resultando atractiva. Mis límites son dos:
- sufrimiento animal (el otro día leí un relato sobre cómo un tipo hacía correr a un perro atado a una moto hasta matarlo y apenas lo pude terminar). Bajo ningún concepto lo puedo soportar. También vi una película de chica en la que metían a una cabra en un tonel de agua hirviendo para mostrarle a un tipo que eso era lo que podían hacerle a él si no hacía no sé qué. Igual no es que haya quedado traumada, nunca lo soporté.
- sufrimiento / tortura física, pero porque sí. O sea, si es solamente por el efecto y no está de alguna manera justificado en el guión, no te la llevo. Acá no aplica lo del sufrimiento animal, ese no te lo llevo nunca.
Tengo algunas películas en la lista pero no me he animado y no las he podido ver, como es el caso de Cuando acecha la maldad que además es argentina y está tremendamente ponderada. Hay algo con un perro pero creo que no traspasa mi límite. Cuestión que el otro día comentaron un par que me dieron muchas ganas de ver así que el 25 de diciembre, hermoso día de lluvia, me dispuse a ver las dos y fue una gran tarde.

La primera que vi fue Heretic. Con un Hugh Grant que según dicen es más así en la vida real que como en la mayoría de los personajes de bonachón romántico que le conocemos, es decir medio villano, medio oscuro, pero con unos tintes de nerd de libros y juegos de caja. El condimento principal son las dos “hermanas” mormonas que caen en la casa de Hugh y pasan cosas. No es tan de terror, hay alguna escena pero es más de suspenso y jueguito psicológico con metáforas sociales y un guión interesante que habla de religión, Monopoly y Creep de Radiohead. Un dato de color si la ves, la canción de los créditos la canta una de las protagonistas.
Comentándole a mi amigo que también escucha el podcast, que yo estaba viendo Heretic y que era “espectacular mirala si no la tenés te la paso”, me dijo que él estaba por ver esta otra que también comentaron en el podcast: Anora.

Hay algo que siempre se menciona en los análisis y me gusta mucho que es el tono de las cosas. Esta newsletter tiene un tono, por ejemplo. El tono es eso que cuando arranca una película decís, apa, esto viene de miedo o, apa, película romántica de navidad. Ahora, lo lindo, es cuando arrancás en una y de repente pegan el volantazo para decirte, no, amigos, esto sigue por acá. Lindo cuando bien hecho.
Algo así pasa en Anora, una historia exquisitamente articulada en algo que parece una secuencia eterna, para después dejarte ahí, cayendo al final del arco de los personajes. Ninguna sinopsis le hace justicia, no les des corte, mirala de una and wait for it.
Esas son mis películas brevemente comentadas pero muy recomendadas de este fin de año. También te recomiendo el libro que mencioné, el del perro y la moto que es todo así de intenso pero lo vale letra por letra. Lo leí en dos tirones. La vegetariana, de Han Kang.

Gracias por llegar hasta acá en la newsletter y en el año. Te deseo que termines y empieces como quieras. Hasta la próxima edición 🖤