Edición #64.
Para ver no sólo hay que estar; para ver, sobre todo, hay que volverse invisible.
Leila Guerriero
Lo más leído.
Estos días estuve revisando el blog (el sitio donde están alojadas todas las ediciones de esto que llega a tu mail) e hice algunos ajustes en la navegación: la experiencia de usuario, que le dicen. En realidad eran cosas que quería hacer desde un principio pero por alguna razón no funcionaban y ahora sí. Eso, o que de tanto mirarlo, yo ya no veía. Dicho esto, me resulta tan frustrante como entretenido tratar de ganarle a la maquinita.
La cuestión es que ahora tenés habilitado un buscador ahí al final, para filtrar por edición o por palabra, por ejemplo… “glosario”, “cuchara”, o “los archivos x”. Básicamente podés probar con cualquier palabra, a tu riesgo. Te prometo que de alguna manera, siempre termino hablando de fotografía.
Tenés además una sección con lo más leído, que no es otra cosa que mis ediciones favoritas, según un criterio totalmente subjetivo y para nada aleatorio, con lo que a mí me gustaría que leyeras. También tuve en cuenta las ediciones que más repercusión han tenido, por razones igualmente subjetivas y con seguridad, completamente aleatorias.
Esta fue la introducción (a nada) y me vas a tener que disculpar por el cambio de tono. El volantazo, la maniobra, quiero decir. Ya me vas a entender. A mi también me agarró desprevenida.
No siempre tengo cosas para decir.
Cada tanto me acuerdo de una vez que, habiendo consumido una sustancia, sentí tener tal flujo de pensamientos y revelaciones que, si movía un centímetro de mi cuerpo, iba a perder el hilo. Solamente dejé margen para la respiración, porque del latir no puedo hacerme cargo. A veces cuando escribo (o cuando pienso en escribir, que tiene algo parecido pero con más trance y menos concreción) me pasa algo similar.
Hoy tenía varios cabos, varias puntas de las que tirar para esta edición. Cosas sueltas que anoto cuando aparecen, frases con las que me cruzo, links a fotógrafos de los que quiero hablar. Muchas puntas, poco atado.
“No siempre tengo cosas para decir. Entonces, me pongo a leer (…)” dice Leila Guerriero en Teoría de la gravedad. Y entonces, eso fue lo que hice: ponerme a leer. A Leila Guerriero.
Y volvió esa sensación.
«Debería, por ejemplo, empezar por viajar más, por viajar menos, por no viajar en absoluto. Debería hacer las paces con mi padre, debería depender menos de mi padre, debería ver a mi padre más seguido. Debería salir de esta casa en la que paso tanto tiempo sola, debería quedarme en casa y no salir a aturdirme con gente que no me importa en absoluto. Debería terminar mi novela. Debería renunciar a este trabajo que detesto. Debería ir a bailar antes de ser el más viejo de la discoteca. Debería divorciarme. Debería usar toda esa ropa que hace años que no uso. Debería ir a recitales. Debería invitarla a cenar, invitarlo a un bar, decirles que soy gay. Debería parar con la cocaína. Debería probar alguna vez un trago, debería beber menos, debería dejar de beber. Debería aprender a tocar la guitarra. Debería ir a África mientras todavía puedo caminar. Debería cambiar de analista, conseguir un analista, dejar de ir al analista. Abandonar las pastillas. Ceder. No ceder. Arrojarme en paracaídas, tomar un curso de buceo, poner un hotel en la montaña, un bar en una playa de Brasil. Ir más despacio, ponerme en marcha, no mirar atrás. A fin de año, más que nunca, la vida no es la vida sino una patética declamación de buenas intenciones, una renovación del permiso de postergarlo todo, una fe idiota en que nunca será demasiado tarde para nada. “Toda la inmortalidad que puedes desear está presente / aquí y ahora”, escribió el poeta chileno Gonzalo Millán en Veneno de escorpión azul, su diario de vida y de muerte, y esa bestia terrible de la poesía, la uruguaya Idea Vilariño, dijo, mejor que nadie, peor que nunca: “Alguno de estos días / se acabarán las bromas y todo eso / esa farsa / esa juguetería / las marionetas sucias / los payasos / habrán sido la vida”.»
Leila Guerriero. Era la vida
No tengo idea qué hora es ni si había quedado con alguien hoy. Creo que tengo hambre y tengo la certeza de que cuando me levante de la silla habrá un costo que tendré que pagar. Caminaré en una curva hacia la cocina y pondré agua a hervir, para la pieza que implique menos tiempo y elaboración. Ya habrá tiempo para otros placeres. Quiero más para leer.