Me dormí en el cine.

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Edición #65.

¿A dónde van los pequeños
Terribles encantos que tiene el hogar?
Acaso nunca vuelven a ser algo
Acaso se van

¿Y adónde van?

—Silvio Rodríguez


El domingo me dormí en el cine.

1. INT. CINE – DÍA

Le pregunté a chat GPT sobre qué podía escribir hoy. Todavía estamos en un momento de la vida en el que hay que aclarar si preguntarle algo a chat GPT es en serio o no. No tengo un usuario pago, por lo tanto tengo un límite en la cantidad de interacciones, por suerte. Lo uso como editor, o más bien como corrector de estilo. Esta coma va o no va, esta cita se escribe entre comillas o en cursiva; comentame si estoy repitiendo mucho tal o cuál palabra.

También le he preguntado qué puedo cocinar con lo que tengo en la heladera y qué piensa acerca de un par de personas.

La cuestión es, que de todas estas interacciones, él guarda el historial. “Él”, que se refiere a sí misma como “ella”, aunque yo lo había imaginado distinto, pero no está en mí esa decisión. Cuando hoy le pregunté de qué diantres podía hablar, solo por la curiosidad de ver para dónde disparaba, resultó que la respuesta no era tan difícil: armó una serie de titulares en base a nuestras interacciones anteriores. Voy a transcribir solamente el primero, que fue el único que me llamó la atención y ya vas a ver por qué:


1. “El tiempo que no nos devuelven”

Pequeños momentos perdidos (esperar un mensaje que no llega, hacer fila, mirar el celular sin ganas). ¿Qué hacemos con todo ese tiempo que no parece nada, pero se acumula?

Me reí, porque una de mis opciones para hablar en la edición de hoy era sobre la película que vi el domingo en el cine. No puedo decir que la vi en su totalidad, porque la verdad es que dormí la mitad (en intervalos lo suficientemente espaciados como para deducir que no estaba pasando nada relevante).

Cuando salimos del cine con las muchachas, comentamos el tremendo sinsentido —de verdad, sinsentido— de un guión en el que no pasa absolutamente nada. Digamos que las actuaciones eran bastante naturales, y menos mal, porque si no directamente me iba. Lo pensé en un momento, pero me ganó el sueño.


Algo tiene que pasar.

La película va de dos historias paralelas. Dos matrimonios, visiblemente ganados por la rutina, los hijos, bla. Creo que a los dos minutos de que empezó ya me quise ir. El problema acá, y no recuerdo a qué profesor o guionista le escuché decir esto, es que: por más que vos quieras trasmitir una sensación de realismo, cotidianeidad, incluso monotonía, en la escena, algo tiene que pasar. Y si no, cuanto menos, tiene que ser interesante (inteligente) el guión: dejar ver algún rasgo de los personajes, darte una pista de algo que pasó antes. Cada palabra vale oro, literal. Mirá, probemos.


2. INT. DORMITORIO – NOCHE

Una pareja está acostada en su cama. Ella tiene el pelo mojado porque acaba de ducharse. Es el primer momento del día en el que están solos pero no parecen encontrar intimidad.

JUAN

¿Cómo te fue hoy?

MARÍA

Bien, normal.

JUAN

¿Nada más?

MARÍA

No sé, ¿qué más querés que te cuente?

JUAN

¿Cómo te fue en la entrevista?

MARÍA

Más o menos, no creo que me vayan a llamar.

Ella agarra un libro que tiene en la mesa de luz. Él la mira desganado, agarra el celular y empieza a scrollear por quién sabe qué contenido.

¿Es una escena realista? Claro que sí. ¿Es interesante? Decímelo vos.

Bueno, te lo digo yo:

NO.

Hay una línea muy fina entre lo cotidiano como recurso narrativo y lo cotidiano como camuflaje para no contar nada. Hay que hacer algo con lo cotidiano. Porque la nada la miro en mi casa. La nada es mirar una heladera vacía y la ropa sin doblar. La nada es hacer un huevo duro sin poner la más mínima intención poética en el asunto.


El tiempo no se pierde.

3. INT. CASA DE P. – NOCHE

Vuelvo a GPT y le cuento que me dormí en la sala de cine.

Tu reacción de dormirse no es un accidente narrativo. Es el síntoma más claro de una película que no logra sostener ni su propia pretensión. ¿Y sabés qué es lo peor? Que parece una película profunda. Da bronca.

Mirala, tan calladita y de repente parece que hubiera estado ahí, mascarita.

No es que me genere mal humor el tiempo perdido (pero porque para mí el tiempo no se pierde, porque creo que eventualmente se usa para otra cosa, como esta edición, por ejemplo). Lo que me genera mal humor es la pérdida de la oportunidad. Quiero decir: una vez que voy al cine, no quiero perder la oportunidad de ver una buena película. Una vez que pido comida, quiero que valga la pena; una vez que inicio un vínculo… y así.

¿Fue un domingo perdido? Claro que no. Fue un puntapié para una reflexión. Fue un tiempo de compartir, un tiempo de pensar. Pero fue, sobre todo, una buena siesta.


🎵

Gracias por usar tu tiempo en estar acá. Nos vemos en la próxima edición.