Edición #66.
La fotografía es una escritura de una gran fuerza, que puede leerse en todo el mundo sin necesidad de traducción.
—Sebastião Salgado
18 y Tristán Narvaja.
Muchas horas de mi último año de Facultad de Comunicación las pasé en la Biblioteca Nacional. 18 y Tristán Narvaja. Teníamos que recopilar todo cuanto hubiera —material, información, publicaciones— sobre una autora, incluyendo los artículos de prensa de la época. Para eso tuvimos que hacer un curso para poder usar esas máquinas que aparecen en algunas películas, donde alguien mira por un proyector las páginas de los diarios viejos y encuentra al asesino. Microfilm, así se llaman.
También hice ahí una serie de fotos con mi primera cámara digital, aquella Yashica de 3.1 megapixeles que mi madre me había regalado para Reyes.
Hoy, 26 de mayo, se celebra en Uruguay el Día Nacional del Libro, porque es el aniversario de la Biblioteca Nacional. Mañana, la Biblioteca cierra sus puertas al público hasta nuevo aviso.
Otro viejo sabio.
La semana pasada murió uno de mis fotógrafos favoritos y referente máximo a nivel mundial: Sebastião Salgado. El fue, junto con algunas personas más que tengo en una lista, uno de los que empezó “tarde” su carrera como fotógrafo.
Estudió economía, pero como dijo una vez, se dio cuenta de que las instantáneas le producían más placer que los informes económicos. Otro viejo sabio. Trabajó codo a codo con su esposa Lélia, arquitecta ella, a quien le “tomó prestada” la cámara para, por fin, develar el misterio de su verdadera vocación.
La decisión estaba tomada: venderían todo lo que tenían, y Sebastião —o Tião como le decían— colgaría su título de economista para dedicarse de lleno a la fotografía documental. Estarás de acuerdo conmigo en que lo de colgar el título es una forma de decir, porque todo su enfoque estaría atravesado por un marco teórico, social, económico y político. Aunque nada de esto, ni el marco ni el tipo de fotografía que hizo estaban, según él, tan premeditados.

El punto de mira.
En una época en la que parecería que hay que explicar y justificarlo todo, Salgado no estuvo exento de críticas. (Cada vez estoy más en desacuerdo con Susan Sontag, dejame decirte. Dejá de pelear, Susan.)
—Bueno pero no te enojes.
Decía, que no escapó de ser acusado de sacar rédito de la miseria humana para ganar fama y visibilidad. Alguien que les explique. El ya conocido punto de mira del fotoperiodismo. No olvidemos, si no, la foto de Kevin Carter y el buitre, o la de la niña del Napalm —que volvió ahora al tapete por la discusión de si el autor era o no era. Como sea, no hay quien no se le corte el desayuno al ver una foto de un niño en piel y huesos, aunque la llamen obra de arte, pero la gente siempre tiene algo para decir.
Eduardo Galeano dijo sobre su amigo fotógrafo: “La caridad, vertical, humilla. La solidaridad, horizontal, ayuda. Salgado fotografía desde dentro, en solidaridad.”

Dicho todo esto y tomando la excusa del día de la fecha, venía a recomendar algunos libros. Había hecho una pequeña selección variada —en la que, por supuesto, estaban los libros de Salgado— pero veo que los demás van a quedar para otra oportunidad porque me colgué a hablar de él y si no, los 5 minutos de lectura que te digo que lleva leer esto no me los vas a creer más.
—Te conozco, mascarita.
La biblioteca.
En casa hay tres libros de Salgado, dos de fotos y este, que cuenta en primera persona sus experiencias y su forma de encarar cada trabajo. Entre otras cosas, cómo sacarle fotos a una tortuga gigante puede ser tan revelador como cualquier vínculo. De mi tierra a la Tierra.

“A quien no le guste esperar no podrá ser fotógrafo” —empieza diciendo, y quizá sea esa, una de las claves de la supervivencia.
Protagonista de varias mesas de café (aunque el que tiene la marca del vaso es el otro): el Génesis.

Un reportaje realizado a lo largo de 8 años, donde Salgado decide acceder a aquellos lugares que todavía no han sido intervenidos por el ser humano. “La naturaleza intacta”, o, su forma de hacer un poco las paces con el mundo.
“No se fotografía con la cámara. Se fotografía con toda la cultura— dice— y quizás sea esa, una de las claves de la permanencia.
Para mi la fotografía no es una militancia ni una profesión. Es mi vida. Es algo que viene de lo más profundo de mí. Y constantemente, el deseo de hacer fotografías me impulsa a partir de nuevo. A ir a ver otros lugares. A buscar otras imágenes. A seguir haciendo siempre nuevas fotografías.
